“Keane”, de Lodge Kerrigan, en Cinéfilo Bar (Miércoles 13/05 – 21 Hs.)‏

La película “Keane”, del realizador y guionista norteamericano Lodge Kerrigan, es la historia de William Keane, un enfermo mental siempre al borde de la esquizofrenia y la paranoia más incurables. Keane no es el típico “loco lindo” o “mendigo sabio” que muchas películas hollywoodenses han buscado retratar. La locura de Keane no tiene nada de dulce e idílica; el personaje vive un infierno, el infierno de su propia enfermedad, y, durante hora y media, el relato cinematográfico hace que lo acompañemos en su calvario. Destilando simpleza y honestidad por los cuatro costados, “Keane” es la tercera película de Kerrigan. Rodada en 2004, esta excelente cinta cuenta con la participación en la producción del también director Steven Soderbergh, otro emblema del cine independiente norteamericano.

La proyección de esta película tendrá lugar el miércoles 13 de mayo, a las 21 horas, en Cinéfilo Bar, Bv. San Juan 1020.-

KEANE

keane 3

Dirección y guión: Lodge Kerrigan

País: EE.UU.

Año: 2004

Duración: 93 min.

Género: Drama

Fotografía: John Foster

Montaje: Andrew Hafitz

Intérpretes: Damian Lewis (William Keane), Abigail Breslin (Kira Bedik) y Amy Ryan (Lynn Bedik).

Comentario:

Keane 6

Con “Keane”, el director Lodge Kerrigan, mediante una contundente claridad de ideas y una notable economía de recursos narrativos, nos entrega un relato de gran cercanía emocional acerca de un psicótico que lucha por mantener la cordura en la ciudad de Nueva York. Lo particular de Kerrigan es, por un lado, la precisión con que retrata los síntomas del enfermo mental y sus ataques psicóticos, aspecto en el que tiene un papel crucial el trabajo del actor Damian Lewis como Keane, que brilla en los momentos en que el personaje trata de mantener la cordura y parece darse cuenta de su propia pérdida de razón; y, por otro, el manejo oblicuo que hace de la trama, al mantener todo el tiempo un punto de vista cercano a Keane pero sin entrar en su subjetividad, dejando planteado el misterio de lo diferente y el temor atávico a esa diferencia.

La existencia de Keane, aunque recubierta de un halo gris e insípido, es, ante todo, tormentosa. En el momento en que arranca la cinta se enfrenta a la desaparición (no sabemos si real o imaginaria) de su hija pequeña. Lanzado a una búsqueda desesperada, en cierto momento de su tempestuoso deambular Keane se cruza con un personaje que le devuelve la esperanza, Kira, a quien da vida la pequeña gran Abigail Breslin (Little Miss Sunshine). A esta dura historia se suman una estudiada fotografía en tonos fríos, un rodaje con cámara en mano que acrecienta la angustiosa existencia de su protagonista, y un actor, el mencionado Damian Lewis, en estado de gracia, que se come la pantalla y nos arrastra con él a los vericuetos de una terrible insania.

Precisamente, Kerrigan nos hace saber que lo que importa en “Keane” es la locura, esa locura molesta y peligrosa. Keane, el personaje, se sube a un micro convencido de que encontrará a su hija pero se baja a mitad de camino, seguro ahora de que una chaqueta que vio tirada en un estacionamiento es de ella. Luego vaga por la entrada del Lincoln Tunnel y le grita a los autos y los transeúntes, hasta que se hace de noche y se duerme en la calle. Pasada la primera crisis psicótica de la que somos testigos, llega a un hotel de carretera en New Jersey y experimenta un momento de cierta cordura, un oasis en medio de la tortura constante de sus días. Durante este paréntesis de relativa normalidad conoce a una mujer que espera, junto a su hija, poder ir a reunirse con su pareja en algún lugar del norte. La mujer debe ir a trabajar y deja a la niña al cuidado de Keane, quien se ve forzado a compartir con ella, a cuidarla por algunas horas, tarea que le exige un esfuerzo que parece ir más allá de sus posibilidades.

De más está decir que Kerrigan no necesita música y que su cámara en mano e iluminación naturalista lo acercan al estilo de los hermanos Dardenne (maestros indiscutidos del realismo contemporáneo), pues en él, como en todo gran cineasta, el estilo parece ser sólo una consecuencia lógica de una serie de preocupaciones más importantes, que en este caso lo conducen a retratar (lejos de todo sentimentalismo barato y cerca del más sincero humanismo) el martirio de un enfermo mental que por momentos recupera una lucidez cruel, pues sólo le sirve para darse cuenta de que se hunde cada vez más en la locura, sin que por ello pueda hacer nada (y sin que nadie quiera hacer nada tampoco) para frenar su caída.

keane 4

Anuncios
Explore posts in the same categories: Ciclo actual

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: