“Los Santos Inocentes”, de Mario Camus, en Cinéfilo Bar (Miércoles 12/08 – 21 Hs.)‏

Considerada en España una de las mejores películas de los años 80, en “Los Santos Inocentes”, drama rural de época (década del 60), vemos a una familia de campesinos que viven a duras penas en una muy precaria vivienda al servicio de los señores del cortijo (Finca rural rústica, típica de amplias zonas de la España meridional, con habitaciones y dependencias adecuadas para la explotación del agro circundante). El director de la película, Mario Camus, convierte a los espectadores en testigos principales del desprecio, la opresión y humillaciones varias a los que es sometida esta familia, subordinada a la clase que posee la tierra, domina los recursos y manda sobre ellos. La existencia de estos campesinos se limita a renunciar y obedecer. Su destino parece marcado.

“Los Santos Inocentes” se basa en la obra literaria de Miguel Delibes, habiendo logrado Camus una rigurosa adaptación al lenguaje del cine, transmitiendo acertadamente la contundencia de la historia a la que refiere el texto de la novela.

Hay que decir, también, que dos de sus actores principales, Alfredo Landa y Francisco Rabal, obtuvieron en el festival de Cannes el premio compartido a la mejor interpretación masculina por su labor en esta película.

Esta es nuestra propuesta para este miércoles 12 de agosto, a partir de las 21 horas, en Cinéfilo Bar, Bv. San Juan 1020. Los esperamos.-

Los Santos Inocentes

Santos inocentes

Año: 1984

País: España

Dirección: Mario Camus

Guión: Mario Camus, Antonio Larreta, Manolo Matji

Música: Antón García Abril

Fotografía: Hans Burman

Duración: 107 min.

Género: Drama

Intérpretes: Alfredo Landa, Francisco Rabal, Terele Pávez, Belén Ballesteros, Juan Sachez, Ágata Lys, Agustín González, Juan Diego y Mary Carrillo.

Sinopsis:

Drama rural ambientado en la España de los ’60, en una finca de Extremadura, donde los miembros de la familia del campesino Paco El Bajo sobreviven apenas como empleados en situación de servidumbre, verdaderos esclavos sin cadenas, de una rica familia de latifundistas, que vive ocasionalmente en la mencionada finca. La forma en que estas arcaicas y, en muchos casos, aún hoy vigentes condiciones de trabajo y opresión se manifiestan, se ve crudamente reflejada en esta película, basada en la novela de Miguel Delibes.

Comentario:

En un pueblito extremeño, durante los años 60, Paco El bajo intenta salir adelante con su familia, formada por su esposa, Régula, y sus tres hijos. Además, deben hacerse cargo del hermano de Régula, Azarías, un disminuido mental, expulsado de la finca donde había prestado servicio durante décadas por sus costumbres poco higiénicas. Azarías se encariña con un ave a la que llama “milana bonita”.

“Los Santos Inocentes” describe, de forma descarnada, cómo en la posguerra española, en el campo extremeño, el hombre explotaba al hombre. Cómo los señoritos y sus familias, al igual que siglos atrás, eran dueños de las tierras, los pensamientos y las almas de los hombres y mujeres que vivían por y para ellos. En tal sentido, la película muestra cómo era la vida en los cortijos en los duros años de la España de mediados del siglo XX.

Es la historia de unos personajes unidos por el lazo irrompible del vasallaje tradicional y conectados por la pasión cinegética (relativa al arte de la caza) de los amos, y la sumisión, muchas veces humillante, de los siervos al realizar el trabajo. Precisamente, Paco El Bajo (Alfredo Landa) es el asistente de caza preferido por el “señorito” de la familia aristocrática, y el conflicto se materializará a partir de que Paco se lastime y su papel deba ser asumido por su cuñado Azarías (Paco Rabal), un viejo retrasado que siempre lleva consigo a la “milana bonita”, un grajo o cuervo al que ha amaestrado.

Las relaciones sociales que muestra la película son, por lo tanto, claramente verticales: Arriba están los señores, quienes como buenos caciques, consideran a la servidumbre poco menos que esclavos que deben satisfacer sus caprichos y deseos (incluidas las mujeres de ellos, si les viene en gana). Así, el encargado de la finca no es más que otro siervo para ellos, a pesar de que él mismo también establece una separación respecto al resto del personal de la hacienda, situándose por encima de ellos.

Una de las innumerables virtudes de esta notable realización es la desgarradora verosimilitud que desprenden las imágenes, un crudo realismo que envuelve al espectador desde el primer plano y del que no puede evadirse.

La fotografía y la música de Hans Burman y García Abril ayudan apropiadamente a la creación de un ambiente de desasosiego.

En definitiva, se trata de un gran trabajo de puesta en escena, con el que Camus realizó uno de esos filmes cuyas virtudes son más valoradas conforme pasa el tiempo.

Los santos inocentes

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