Acerca de “Avatar”, de James Cameron.

Los avatares culturales del imperialismo

O cómo hacer del sentimiento antinorteamericano el rescate de una industria en quiebra

Avatar, el film de James Cameron, transcurre en 2154 en Pandora, un planeta rico en minerales, habitado por los Na’vi –unos humanoides azules que miden tres metros de altura y que tienen una armoniosa relación con su naturaleza– a los que un ejército de ocupación terrícola quiere desalojar de una región en la que abunda el unobtanium, cuyo precio es de 20 millones de dólares por kilo. El mineral es carísimo en la tierra porque allí se han agotado otras fuentes de energía.

La presentación del ejército de mercenarios que responden directamente a los intereses privados de la empresa de extracción de minerales remite inmediatamente al imperialismo, pero no sólo al concepto, hasta un niño dirá de ellos: “son los yanquis”. La identificación con los humanoides azules demorará segundos en producirse.

Al realismo en la descripción de los ocupantes imperialistas se contrapondrá el relato fantástico de un mundo desconocido, pero semejante, ideal de una tierra sin saqueadores. Y, encima, entre el realismo y la fantasía triunfará la fantasía.

La película suscitó la adoración de Evo Morales, quien añora en ella el ideal del indigenismo. En el cuadro de una serie de roces diplomáticos de Estados Unidos con China (Google, Dalai Lama, etc.), se acusó a la burocracia de prohibirla –cuando se trata de que se limitan a proyectarla en salas 3D. Las repercusiones políticas llegaron hasta el reclamo de ayuda a Cameron por parte del pueblo indígena de los Dongria Kondh de la India – están luchando por defender su tierra contra una minera empeñada en destruir su montaña sagrada, situación casi idéntica a la del film.

Estas repercusiones y las emociones que crea el film suelen producir la pregunta acerca del porqué el imperialismo (Hollywood) realiza un film en su contra. Ciertas miradas complacientes tienden a otorgarle al realizador del film la capacidad de una cruzada personal, independiente.

Pesimista con la humanidad, optimista con el capital

Algunos comentaristas literarios del film han advertido que en la adopción de la condición Na’vi por el héroe humano existía un rechazo a la humanidad, el reconocimiento de un fracaso de la especie. No se detuvieron, claro, a indagar en el profundo pesimismo sobre la humanidad que supone pensar un 2154 en el cual la especie no se haya desprendido del capitalismo.

Ocurre que el pesimismo de largo plazo está motorizado por la colaboración brindada al capital en el corto plazo. Avatar no es el producto de un genio artístico individual, independiente y librepensador. “La película fue co-financiada por las compañías Ingenious Film Partner y Dune Capital Management. Es decir que el riesgo no era sólo de Cameron y la Fox (…) Entre los socios en el lanzamiento del film está Coca Cola, por lo tanto su inversión publicitaria no depende sólo del estudio de cine. Para el New York Times esa alianza es algo compleja y esgrime que el costo real sería mayor: 500 millones por los costos acumulados que algunos socios están poniendo sobre la mesa” (El Cronista).

El sentido de esta apuesta millonaria reside en la instalación de una nueva forma de ver cine (en tres dimensiones) que constituye el rescate de un negocio a la deriva, ya que la distribución y exhibición cinematográfica en salas ha sido debilitada por otras formas de acceso a la producción (dvd, piratería, Internet, etc.). “Le prometimos a James Cameron que, una vez filmada la película, nos aseguraríamos de que hubiera una adecuada plataforma 3D”, comentó Michael Lewis, CEO de RealD. “Había 150 pantallas 3D en Europa a comienzos de 2009. Actualmente hay 1.150”, completó (ídem).

La necesidad de Hollywood de apelar al sentimiento antinorteamericano de los pueblos para rescatar su negocio y su dominación cultural habla a las claras de la escasez de recursos políticos en los que los ha colocado la crisis mundial. Ese sentimiento poderoso, que hoy con el consumo de Avatar rescata un negocio, está intacto. Mañana se identificará con pueblos de carne y hueso, y tendrá que acabar con este y todos los negocios capitalistas antes de 2154.

Julián – Ojo Obrero

http://www.po.org.ar/node/24008

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