“El Estudiante”: “Militancia” y militancia

El jueves 1º de septiembre se estrenó “El estudiante”, una de las películas más esperadas del año, que ya se había exhibido en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici) y en festivales internacionales, con gran éxito entre el público y la crítica. El film, dirigido por Santiago Mitre, narra la historia de Roque, un joven que llega del interior a empezar por tercera vez una carrera en la UBA y comienza a militar en una agrupación universitaria, la inexistente “Brecha”. Con pocos ideales, Roque se destaca por su pragmatismo y arribismo, por lo que se convierte rápidamente en la mano derecha del líder de la agrupación, Acevedo. Si bien no hay referencias concretas en la obra de Mitre, se puede entrever que la carrera que cursa Roque es Sociología, mientras que la agrupación a la que pertenece, según lo confirmaron también declaraciones del director, es una especie de desprendimiento tardío de la Franja Morada.

La película esta filmada en la sede de Marcelo T. de Alvear de la Universidad de Buenos Aires, durante las semanas en que se desarrollaba una toma estudiantil y ocurrieron hechos como el asesinato de Mariano Ferreyra y la muerte de Néstor Kirchner. Siendo un film de bajo presupuesto, Mitre toma mucho de esta ambientación llena de afiches, asambleas, campañas electores y movilizaciones. El rostro de Mariano Ferreyra es casi un personaje más en “El estudiante”. La estética del film es de un “realismo sucio”, semidocumental. Hay una influencia importante del cine de Pablo Trapero, que produce el film y con quien Mitre colaboró en “Leonera” y “Carancho”, con sus personajes “borders” y sus escenas viscerales, donde las traiciones ocupan un lugar esencial.

Como descripción de la militancia actual, el film de Mitre es bastante pobre, ya que se centra en una clase de “militancia” estatizada, cuyo objetivo central es acaparar cargos en la Universidad y el Estado para desarrollar negocios privados. El protagonista, a pesar del ambiente politizado que lo rodea, no participa de ninguna movilización. La izquierda está observada desde afuera, bajo un punto de vista un poco caricaturesco. El militante “combativo”, Lisandro, parece sacado de la pobre sátira de Daniel Paz, “León, el activista peleón”.

Sin embargo, el film cobra fuerza en su segunda mitad, cuando se enfoca, no en la militancia, sino en la lucha por elegir al rector, donde queda claro que la UBA es una estructura corrupta y antidemocrática, enlazada con el Estado (negocios con los ministerios de Salud y el de Obras Públicas son mencionados). Con esta descripción de la corrupción estatal en la Universidad, Mitre establece puentes por primera vez entre la política universitaria y el resto de la sociedad. Aquí, la película parece tomar como referencia la lucha docente-estudiantil por la elección del nuevo rector de 2006. En el final, el protagonista que no había mostrado muchos escrúpulos en su aventura política y la película toman una posición moral y política, mostrando que, más allá de las caricaturas, la izquierda estaba acertada en sus caracterizaciones y su lucha.

 

Nicolás Rijman

Publicado en Prensa Obrera N° 1193 (08/09/2011)

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