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“La ‘dama’ de hierro”

2 marzo 2012

Dirigida por Phyllida Lloyd y con una muy buena caracterización de Meryl Streep, La dama de hierro es una biografía novelada sobre Margaret Thatcher que, anciana y por momentos senil, recuerda episódicamente los momentos más sobresalientes de su vida política.

Margaret Thatcher, la persona

A partir de las características personales de Margaret Thatcher, su carácter, su inteligencia, su retorica, el film, como ha sucedido en otros con personajes despreciables (por ejemplo, Downfall, 2004) busca rescatar lo “humano”, dejando de lado el rol social que ocupó durante muchos años de la política mundial. Vaciar en un molde humano a personajes históricos reaccionarios, es una deshumanización del arte.

Margaret Thatcher fue la última expresión de la reacción política que se alzó para enfrentar el período político abierto por el Mayo francés, la derrota norteamericana en Vietnam y la revolución portuguesa, en 1974, a las puertas de la Europa avanzada. Durante los once años del gobierno de Thatcher (1979-1990) en Gran Bretaña se realizaron recortes salariales y laborales históricos, y recortes públicos que encarecieron la vida y sumergieron en el desempleo a grandes masas de trabajadores. Thatcher emergió como la representante de la pequeña burguesía del partido conservador, que veía con desprecio la incapacidad de la aristocracia tradicional del partido para poner en pie un gobierno de guerra contra los trabajadores (en reiteradas escenas del film aparece el desprecio de los barones del conservadorismo hacia la pebleya que se queda con el partido). Es lo que se manifestó en la política ‘de hierro’ que siguió contra la huelga minera, que duraría un año entero. La película evita mostrar este ‘rostro’ de la ‘dama’ en relación con la guerra despiadada que lleva contra el republicanismo irlandés. Es precisamente esta guerra de clase, la que permitirá a la pequeña burguesía conservadora restaurar la hegemonía de la City de Londres, que venía en imparable decadencia junto a la constante devaluación de la libra esterlina. La ‘dama’ ejercita una verdadera desindustrialización del país, para eliminar del escenario social a la clase obrera y recomponer la dominación cuestionada del capital sobre bases modificadas.

La férrea decisión de Thatcher de ir a la guerra de Malvinas, en condiciones en principio desfavorables, no es presentada por la película como un recurso que, aunque resultó efectivo, fue la última razón que le quedaba para impedir que Gran Bretaña ingresara en una fase revolucionaria (como lo demostraría, incluso a pesar de esto, la huelga minera, cuatro años más tarde).

Las particularidades individuales que le permitieron convertirse en un emergente, una síntesis necesaria, de la dirigencia política británica para el momento, fueron el resentimiento feroz de la pequeña burguesía desclasada por la crisis contra el movimiento obrero. La ‘humanidad’ de la ‘dama’ representa a la escoria del capital.

Margaret Thatcher, la mujer

La película pone el acento también en el carácter de género. Es decir, en la capacidad de una mujer para sobresalir en un mundo de hombres. Es una operación ‘humanizadora’ fraudulenta, porque ignora que su condición oprimida de género se convirtió en un valor agregado a su resentimiento clasista contra el proletariado y el socialismo. La cuestión de género, cuando no parte de un análisis de clase, se pone al servicio de la mistificación.

Recortes, represión y guerra son las características más importantes del gobierno de Thatcher. Ella se convierte finalmente en una de las principales líderes mundiales cuando junto a su par norteamericano Ronald Reagan fuerza la caída de los ya descompuestos y burocratizados Estados obreros. El film no tiene el tiempo para mostrar, en esta empresa, el auxilio que le brindan el laborismo británico y los partidos comunistas de la mayor parte del mundo, en primer lugar, por supuesto, la burocracia rusa.

La película

No es inocente el momento en que la película se estrena. A los ojos del espectador aparece como la oferta de un ramo de olivo. Thatcher ya no está y el entendimiento es posible, porque al final somos seres humanos que lamentamos la ausencia de un esposo, para quien el matrimonio fue un fastidio, y el de los hijos, ansiosos de depositarla en un geriátrico. Mentiras. El imperialismo británico sigue asolando a los pueblos con bombardeos e invasiones -sin que importe el rostro en apariencia civilizado de su gobernante de turno.

Mónica Jacobs

Publicado en Prensa Obrera N° 1212 (01/03/2012)

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