Archivo para diciembre 2012

Los números de 2012 del blog de Videoteca del Mirador

30 diciembre 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

4,329 films were submitted to the 2012 Cannes Film Festival. This blog had 14.000 views in 2012. If each view were a film, this blog would power 3 Film Festivals

Haz click para ver el reporte completo.

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Avance de la película “¿Quién mató a Mariano Ferreyra?”

29 diciembre 2012

En esta realización, basada en el libro homónimo de Diego Rojas, el escritor Martín Caparrós, en su debut como actor protagónico en cine, se pone en la piel del periodista Andrés Oviedo, personaje encargado de llevar a cabo una investigación sobre el hecho real del crimen de Mariano Ferreyra, militante del Partido Obrero asesinado el 20 de octubre de 2010.

Más información en el sitio http://www.marianoferreyra.com.ar/

50 años sin Charles Laughton

29 diciembre 2012

Excelente informe del programa televisivo español “Días de Cine” sobre este gran actor inglés.

“Fantastic Flying Books Of Mr. Lessmore”

28 diciembre 2012

Producción audiovisual del año 2011 premiada por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas con el Oscar al Mejor Corto de Animación. Sus responsables son los estadounidenses William Joyce y Brandon Oldenburg.

“The Fantastic Flying Books Of Mr. Lessmore” dura 15 minutos y no contiene diálogos, es una historia muda, por lo que puede ser visto y disfrutado en cualquier parte del mundo.

“Néstor, la película”: Demasiada manipulación para tan poca ‘mística’

28 diciembre 2012

Imagen“Néstor, la película” (film producido por el Chino Navarro -dirigente del Movimiento Evita- y Jorge Héctor “Topo” Devoto, lanzada con más de 100 copias en la Argentina, como un supertanque de Hollywood y algo inédito para un documental) no consigue elevar a Néstor Kirchner al nivel de mito o de leyenda, que es lo que buscaban los interesados. “No es un documental”, como dijeron algunos, porque carece de rigor histórico; tampoco es “un film con argumento”, porque la ficción es reemplazada por la adulteración. Respecto del rigor, la vida del personaje está deliberadamente recortada, ocultando sus años de connivencia con el menemismo o, por ejemplo, la represión a las asambleas populares de Santa Cruz. En cuanto a la ficción, no alcanza para eso que huya de la realidad. En la película, las anécdotas familiares y micropolíticas prevalecen sobre el rol del protagonista en los procesos más importantes de los últimos años. Las ‘grandes batallas’ (bajarle el cuadro a Videla, la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, la 125 y la Ley de Medios) delatan escasez de evidencias y son presentados en forma lateral, manipulada por el montaje (un despistado puede creer que, por ejemplo, Néstor se enfrentaba a una especie de golpe de Estado, y no a una cúpula acobardada por el escarnio popular, al bajar el cuadro de Videla).

Es curioso que un proyecto que, se supone, se apoya en la confrontación y la reivindicación de la militancia, haga una biografía de microhistorias: varias personas cuentan que en 2003 estaban en una situación desesperada hasta que recibieron una llamada de Néstor (¡sí, de Él!), quien les dio trabajo, un violín o lo que necesitaran. La política social oficial -uno de los aspectos más reivindicados por sus seguidores- aparece resumida en el punterismo. Los realizadores alegan que quisieron reivindicar el costado ‘íntimo’ y ‘humano’ de Kirchner, pero el microrrelato no tiene nada que ver con eso. La incapacidad de definir el ‘proyecto’ (Néstor, como se puede ver en el film, no era un gran orador) y la ausencia de épica popular en su apoyo son sintomáticos. La pobreza de los hechos del montaje no alcanza para sustentar el ‘relato’. El collage permanente apunta a recrear en cine la mayor mistificación del relato oficial: presentar a los K como representación o continuidad del proceso popular que llevó al Argentinazo, del cual fueron sus verdugos. (CFK acaba de evocar a “Kosteki y Santillán”… para oponerlos imaginariamente a la huelga del 20N). Pero la peor manipulación del film se presenta hacia el final: mostrando las vías y estaciones del tren, se hace referencia al asesinato de Mariano, e inmediatamente después aparece la gente llorando y movilizada. Pero no por el crimen de Mariano, sino por la muerte de Néstor. Esta usurpación apuntala otro de los conocidos relatos oficiales: Néstor Kirchner habría muerto por el disgusto causado por el crimen de Mariano. Pero incluso si fuera así, esa crisis política y personal del ex presidente debería ser caracterizada. “No sería la primera vez que las contradicciones insuperables de una política y de un régimen político se cobren la vida de su articulador” (El Partido Obrero ante la muerte de Néstor Kirchner, 10/2012). Kirchner se encontró con un asesinato cuyos culpables estaban afincados en la columna vertebral del armado oficial. La película recorta el cimbronazo político y la reacción popular que desató el crimen de Mariano. Pero en esa reacción, el gobierno nunca estuvo presente, siquiera con un comunicado de repudio. (Cristina y Tomada sólo agitaron la hipótesis de los “enfrentamientos”, y atacaron al PO).

“Néstor, la película” reitera la pobreza creativa de todo producto “cultural” sometido a la vara de la regimentación estatal. Un vasto aparato de compradores de entradas y concurrencia obligatoria podrá asegurarle un éxito de taquilla por semanas. Pero, más allá de ese lapso, es difícil que cualquier despliegue pueda salvarla del olvido.

Nicolás Rijman y Agustín Ortigoza

Publicado en Prensa Obrera el 29/11/2012

Leonardo Favio, un artista determinado por el peronismo.

28 diciembre 2012

leonardo-favio-filmandoAlguna vez, Leonardo Favio dijo que él era militante peronista antes que director de cine. Al pensar en una nota sobre su muerte, la primera tentación fue la de rebatirle esos dichos y decir que no, que ante todo fue un artista enorme y que en su condición de militante sólo acompañó, desde una cuarta o quinta fila de violines, sin una sola critica importante, cualquier cosa que el peronismo hiciera, desde el otorgamiento de conquistas al movimiento obrero hasta la Triple A, López Rega, Menem o el veto de CFK al 82 por ciento para los jubilados.

Sin embargo, una joven compañera, de inteligencia más afilada, nos dio una pista mejor: “Como artista fue lo que fue, y cómo fue, porque antes era peronista”. Es un punto de vista que le ofrece al análisis una veta interesante.

En el año 2000, el 75 por ciento de los críticos, historiadores e investigadores de cine consultados en una encuesta del Museo Nacional de Cine Argentino, dijo que Crónica de un niño solo (1965) es la mejor película de la historia cinematográfica argentina. La historia de “Polín” (Diego Puente), es la de un chico de la villa que transcurre su vida entre los pequeños robos, el reformatorio y la intuición de que una libertad infinita puede conquistarse de algún modo que le es desconocido, simbolizado en esa escena, seguramente una de las más bellas de la historia del cine, de los chicos que se bañan en el río.

Esa película es parte de una trilogía integrada, además, por “Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más…” (Elsa Daniel, María Vaner, Federico Luppi) y El dependiente (Graciela Borges, Walter Vidarte). “Este es el romance…” es de 1967, y El dependiente de 1969. Son importantes los años en que fueron producidas esas películas, las tres primeras de Favio (salvo por una inconclusa de 1957 y un corto en 1960).

Los años 60 fueron prolíficos en materia de crítica social expresada por medio del arte. Década de rebeliones, revoluciones, convulsión política en todas partes y muy especialmente en América latina. No había arte posible fuera de esa realidad.

En la Argentina, las defecciones sistemáticas de la conducción peronista frente a los gobiernos de la “libertadora”, que se sucedieron desde 1955 hasta 1973, había facilitado el surgimiento de una fuerte izquierda dentro del peronismo y de una también poderosa izquierda no peronista. El Cordobazo (1969) señaló la irrupción de un proletariado joven, no peronista, que no gritaba “la vida por Perón” sino “obreros al poder”.
El gran esfuerzo de la izquierda peronista, desde Montoneros hasta sus mejores artistas, se orientaría a bloquear esa evolución clasista de los trabajadores, a conseguir que el movimiento obrero volviera a gritar “la vida por Perón” y no “obreros al poder”. Podían lograrlo porque el peronismo era una experiencia aún inconclusa, una tragedia y no una farsa. Y el artista de talento, se sabe, puede hacer con la tragedia maravillas como aquella Crónica de un niño solo.

Cuando el peronismo regresa al poder, Favio ya no repite obras como aquéllas. Con una filmación impecable y aun con escenas antológicas como aquel truco por el alma que Juan Moreira (Rodolfo Bebán) juega con La Muerte (Alba Mujica), su filmografía posterior a aquella trilogía es un concierto menor.

Por otra parte, Favio nunca tomó partido en la lucha interna que el peronismo resolvió con balas y sangre abundante en los años ’60 y ’70. Le dedica “Perón, sinfonía del sentimiento” (1999, patrocinada por Eduardo Duhalde) a la memoria de Héctor Cámpora, pero él se llevó bien con quienes derrocaron a Cámpora en julio de 1973. Es más, la derecha peronista lo había invitado a ser el presentador del acto que recibiría a Perón en Ezeiza, el 20 de junio de 1973, y que terminó en una masacre provocada por esa misma derecha. Favio fue amigo de Carlos Mugica, pero tenía vínculos aceitados con lo peor de la burocracia sindical. La dedicatoria de “Perón…” incluye también a Rodolfo Walsh, pero él aplaudió en su momento a Isabel Perón y López Rega, que intentaban asesinar a Walsh. Contradicciones demasiado aplastantes para que la creatividad quede intacta.

A menos que también él dijera, como el José María Gatica de su película (Gatica, el Mono, 1993, con Edgardo Nieva): “Yo nunca me metí en política, yo siempre fui peronista”.

A. Guerrero

Publicado en Prensa Obrera el 08/11/2012